Travesia en bici Salinas-Minas (segunda parte)
DIA 2
Con el espíritu y las piernas a punto nos levantamos 7.30 desayuno mediante acompañados de la fauna autóctona del camping (vacas, gallinas, perros y la oveja Lucero) se nos ocurrió la idea de escalar el cerro Arequita antes de arrancar para el Penitente. Sorpresa la nuestra cuando llegamos y nos encontramos con que al ser privado las subidas son guiadas y es necesario realizar reserva ($U100 x persona). Con la pena de no poder subir el cerro nos fuimos hasta el camping “Laguna de los Cuervos” donde encontramos senderos entre el bosque nativo, ideales para transitar en bicicleta a alta velocidad. Como anécdota, agregar que esa vertiginosa experiencia me costó un pinchazo en mi rueda trasera.
Solucionado el percance del pinchazo y ya devuelta en el camping, preparamos el equipaje, nos despedimos de nuestros amigos (especialmente de Lucero) y continuamos viaje rumbo a la ciudad de Minas y de allí tomar Ruta 8 con destino al camino que lleva al Salto del Penitente. En Minas compramos lo que iba a ser nuestro almuerzo, confirmamos el recorrido y arrancamos. Por ruta son unos 5 kms y luego el resto del camino, 16 kms son de puro ripio en medio de las sierras con subidas agotadoras y bajadas que nos permitían tomar un respiro.
El calor a esa hora del día era importante a pesar de una leve brisa que principalmente corría a favor nuestro. De más está decir que el clima durante los dos días que duró esta travesía fue espectacular, la madre naturaleza nos regaló un cielo color celeste, un sol radiante carente de nubes, viento amable y una temperatura más veraniega que primaveral.
Debido a lo irregular de este camino nos llevó cerca de 1.30 horas llegar al salto, los últimos 4 kms son todos de subida y nuestra velocidad promedio era de unos 4 kms/h. Al igual que el día anterior, la recompensa a tanto esfuerzo valió la pena. Llegando a la entrada del salto tres vertiginosas bajadas (que a la vuelta fueron tortuosas) nos depositaron en el estacionamiento, encadenamos las bicis y de allí enfilamos hacia el mirador. La vista es espectacular, el cause de agua desfila tímido por el campo y al llegar al salto se encuentra con una depresión de más de 10 metros flanqueada por dos murallones de piedra en donde el agua comienza a rugir durante el descenso para luego caer en un estanque natural y así continuar su camino entre las sierras. Todo este maravilloso espectáculo es custodiado por tres de las especies de cuervos que habitan el Uruguay (Cabeza negra, amarilla y roja), reyes del aire que juegan con las corrientes y producen en quien los aprecia cierta envidia de poder volar como ellos.
Con las piernas cansadas y un calor considerable, la idea de bañarnos en el salto era inevitable. La temperatura del agua no sobrepasaba los 4 grados, realmente calaba los huesos al contacto con el cuerpo pero una vez más la idea de irnos sin darnos un chapuzón no estaba en nuestros planes. Armados de coraje, primero Mauricio y después quién les escribe, nos dedicamos por unos minutos a refrescar nuestros cansados músculos y a inmortalizar el momento con varias fotos. Almorzamos con el estruendo del Salto como música de fondo, bajo la mirada de un puñado de turistas que nos miraban como si fuéramos prófugos de un Hospital Psiquiátrico y la vigilancia de los cuervos en las alturas. ¡¿Qué más se puede pedir?!
Luego de una corta siesta y después de secarnos, levantamos campamento e iniciamos el camino de regreso a Minas. Los 16 kms de vuelta son mucho más amables que los de ida pues la subida que nos llevó cerca de 40 minutos conquistar, la bajamos, y a gran velocidad en aproximadamente 5 minutos. Imprimimos un gran ritmo y a las 18.30 llegamos a la terminal de ómnibus, marcamos pasaje de vuelta en Minuano y nos quedó tiempo para tomar nuestra clásica cerveza, merecido premio al esfuerzo realizado. Fueron 2 días increíbles, 200kms recorridos y una experiencia imborrable que, sin dudas pasará a engrosar la lista de aventuras que contaremos a nuestros nietos…



